LOS PUTUCOS

Los "putucos" son viviendas que se desarrollan en Puno Perú, considerados y declarados por el Ministerio de Cultura como Patrimonio Cultural de la Nación por Luis Jaime Castillo Butters, la resolución reconoce que esta técnica para construir casas aun es conservada por miles de pobladores de las riberas del rió Ramis, principal afluente del Lago Titicaca.
Por eso hoy hablaremos de esta reliquia peruana perdida por la memoria colectiva.
A veces da la impresión que la historia da vuelta sobre sí misma. Un mismo guión con otros nombres, otros rostros y otros lugares. Hace 10.000 años, la meseta del altiplano y la cuenca del lago Titicaca —actualmente compartida por Perú y Bolivia— comenzó a ser poblada por cazadores y recolectores, quienes llegaron a estas alturas atraídos por las llamas, vicuñas, aves y peces disponibles.
Ese fue el inicio de los uros, etnia cuyo nombre curiosamente fue un término despectivo acuñado por quechuas y aimaras; ambas etnias conocedoras de la agricultura consideraban incivilizada esta forma de vivir de la caza de animales y la recolección de vegetales del lago Titicaca y los ríos y lagunas del Altiplano. Sin embargo, la "extraña forma de vivir" de los uros entregó dos grandes aportes que persisten hasta nuestros días: uno de ellos es el uso de la totora para la construcción de balsas, embarcaciones e incluso islas flotantes. Mientras el otro es una construcción tradicional: el putuco.
El putuco es una estructura de base cuadrada o rectangular de cima cónica, cuyas paredes y cielos se construyen únicamente con champa, bloques de tierra extraídos del mismo suelo utilizando una chakitaclla y que contienen raíces entrecruzadas de ichu y otros pastos silvestres como chiji o quemello, tal como explica el académico Ferruccio Marussi en Los Putucos de Puno.
Estos putucos pueden ser divididos en tres grandes grupos: relacionados con las actividades domésticas —cocina, cocina-dormitorio, cocina-depósito, dormitorio o dormitorio-depósito—; los bóvedas para guardar bosta, cebada o semillas de papa, junto a herramientas y útiles personales; y aquellos que sirven para cobijar animales, como terneros en época de lluvias, ovejas después de ser trasquiladas, o animales como perros, cerdos, patos, gallinas y conejos.
A pesar de la sencillez de su ejecución, los putucos están totalmente adaptados a su medio, no contaminan y utilizan materiales totalmente adecuados a su contexto. "Cuando llegan las inundaciones y el agua llega a los dos metros de alto, se les abandona", explica Alejo Paricanaza, quien vive con su familia en una serie de putucos, "pero la inundación no lo puede tumbar. Usted no necesita nada que hacerle al putuco", agrega.
Los bloques de champa son secados durante 15 días, antes de empezar a construir un putuco en julio o agosto. Si se intenta antes, los bloques salen húmedos y se vuelven difíciles de levantar. Eso sí, la champa debe ser tierra virgen, es decir, nunca haber sido utilizada para cosechas, y esto obliga a buscar tierras cada vez más lejanas, forzando a que las construcciones más recientes sean más pequeñas.
En ese contexto, el Ministerio de Cultura de Perú declaró en 2014 como Patrimonio Cultural de la Nación a los saberes ancestrales en la construcción de putucos, mientras un documental ministerial próximamente a ser estrenado registra la construcción de dos putucos contemporáneos con la ayuda de constructores especializados. Según Mariscal, estas y otras iniciativas permitirán transmitir estos conocimientos a las generaciones más jóvenes de la región. Así, asegurar un futuro sustentable parece estar en manos de un conocimiento ancestral, mientras la historia vuelve a dar la vuelta en sí misma.





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